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las criadas 2JOSÉ ABREU FELIPPE - El Nuevo Herald

La obra Las últimas criadas es, digamos, una versión o adaptación libérrima de Las criadas de Jean Genet, realizada por Erom Jimmy, quien también se ocupa de la dirección de la obra, en una producción de Havanafama. En la pieza original de Genet, Claire y Solange son dos hermanas que trabajan como criadas para una adinerada dama. Cuando la señora se encuentra ausente, ellas juegan a que son la dama, intercambiando de vez en cuando los papeles, mientras planean su eliminación física. Genet (1910-1986) escribió Les Bonnes estando en la cárcel y se estrenó en París en abril de 1947, causando una gran repulsa por parte del público y de la crítica especializada. Hoy es un clásico y se ha llevado a escena en todo el mundo innumerables veces. En Miami se recuerda, muy especialmente, la inolvidable puesta que hizo Dumé (1929-2003) en 1992, con José Luis Morejón y Gustavo Laboire como las criadas en el Creation Art Center, la legendaria salita que dirigía Pedro Pablo Peña en la 27 Avenida y la 9 Calle del SW.

Las últimas criadas tiene muy poco de la pieza de Genet. Que se mantiene dentro de los cánones del teatro del absurdo; que las criadas se llaman igual, Solange (Vivian Morales) y Claire (Verónica Abruza); y, al parecer, el crimen como tema, aunque en este caso no se trata de planear el asesinato de la señora de la casa sino de ocultar que ya lo cometieron, y fingir que ella sigue al mando. Desde que se entra al vestíbulo del teatro se siente una atmósfera rara, un ambiente de pesadilla algo opresivo. Todo está sumido en una densa neblina cargada de un fuerte aroma que todo lo impregna. Lo mismo se ve y se siente al pasar a la sala y más allá, en el escenario, un espacio arropado por negros cortinajes donde cuelgan cinco espejos. En el centro, al final de una escalera, otro espejo más grande hace función de ventana. Una señorial butaca, una taza con su plato y varios zapatos regados por el suelo completan el decorado.

La obra comienza cuando las criadas, cerradas de riguroso negro, entran por extremos opuestos del escenario y se enfrentan al centro. Por lo que dicen, en medio de reproches, viejos rencores, presuntas culpas, frases que se repiten sin demasiada coherencia, se va armando en la mente del espectador el espacio de la acción, presumiblemente un lugar alto –una casa, un castillo, una atalaya– desde donde se abarca la ciudad. Se menciona un muro que da la impresión de ser un lugar peligroso o prohibido, y el mar, una vez “más la maldita circunstancia del agua por todas partes”, con sus ahogados, multitud de ahogados, se presupone que tratando de escapar, aunque no se aclara de quién o de qué. Casi a la mitad de la obra, entra una Mujer (Tamara Melián), pidiendo ayuda porque su hermano ha desaparecido. Las hermanas le preguntan su nombre y responde que no recuerda si alguna vez tuvo nombre. Entonces la acción se agiliza, se descubren secretos, el ritmo va in crescendo, hasta el inesperado final.


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