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hhp 23 2Habey Hechavarría Prado - www.TeatroenMiami.com 

Vivimos tiempos alevosos. La perfidia, el satanismo, la mentira oficial y la publicitaria, el cinismo, la perversión, hasta el crimen en ciertas circunstancias, se tienen por espectáculos plausibles. Un triste catálogo de actitudes que apenas 25 años atrás estaba proscrito de la civilidad, hoy se blande en muchos filmes y noticiarios, mientras en la vida cotidiana se asumen como manifestaciones de sana naturaleza y hasta de sinceridad. El espectáculo Alevosía, que hasta hace unos días ofreció ArtSpoken, bajo la coherente dirección de Yoshvany Medina, reventó una hermosa discusión sobre este asunto de la conducta alevosa.

Para ello, el grupo miamense tomó la obra homónima del autor costarricense Fernando Rodríguez Araya, una re-escritura de A puerta cerrada (1944), de Jean Paul Sartre, filósofo existencialista, narrador y dramaturgo francés que pronto cumplirá sus primeros 110 años en la eternidad. Cuando el escritor centroamericano eligió uno de los diez textos más representativos de la dramaturgia del siglo pasado, se comprometió con una estructura y una estética tan peculiares como la del teatro de tesis y filosófico. Cuidadosamente, la versión libre transformó varios elementos técnicos del original, mantuvo el empaque categorial del lenguaje, trascendió la mera fabulación pero no nos privó de “las delicias de la fábula”.    

hhp 23 3Julia, Enrique, Pilar y Manuel abandonan las bolsas de plástico negro donde estuvieron atrapados. Sus acciones parecen nacimientos a otra realidad contenida por láminas de plástico transparente que simulan paredes semicubiertas, y trazan un rectángulo en el espacio escenográfico. Alrededor, las lunetas remarcan el encierro de lo que simula ser una pecera o jaula, ideal para contemplaciones indiscretas. La actriz, el abogado, la doctora y el filósofo, cuyos cuerpos también se cubren con uniformes bolsas negras, se preguntan qué hacen allí, quiénes fueron, por qué solo recuerdan sus nombres y profesiones. El encierro le s empuja hacia tensas relaciones y juegos, como el del teatro dentro del teatro, con el objetivo de hallar respuestas, escapar, o, al menos, encontrar la paz a través del conocimiento.

A pocos metros guardan unas cartas reveladoras que no deciden a abrir como quien intuye que el saber pasa por el dolor. Cuando lo hacen, el absurdo de la crueldad se revela. Con el deus ex machine de la correspondencia, típico recurso del melodrama y lo menos feliz de la obra, se realiza un corte estético donde la dramaturgia se traiciona a sí misma. Ellos han llegado a la muerte por la mano de su propia madre que los asesinó apenas nacieron. Los recuerdos entrecortados vienen de los deseos de la madre y no de sus experiencias personales.

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La puesta en escena tuvo el buen gusto de materializar un espacio metafísico a través de imágenes surreales, un gesto que apoyó la introspección simbólica en la psique y enfocó la naturaleza del deseo. Este aspecto que señala logro principal del espectáculo, impuso un desafío aún más difícil de vencer. En consonancia, las actuaciones de John Chávez, Yrelkah Brown, Letty Carmona y Hendrik Mariné -esforzadas, firmes, creíbles e intensas- debieron trascender más la literalidad de los parlamentos mediante la acción interna para hurgar en lo que (quizá) Stanislavsky llamó “umbral del subconsciente”. De igual modo, el diseño de luces no mantuvo la calidad de la concepción escenográfica, que aportó Carlos Artime, ni la astucia del diseño de movimientos, que aprovechó hábilmente un espacio mínimo.


En última instancia, estas demandas confirman la riqueza de una concepción artística contemporánea que cons
ervó la perspectiva clásica. El relato escénico priorizó la experiencia de los agredidos sin permitirse el patetismo de la victimización, las arengas condenatorias ni las quejas a raudales. De hecho, la alevosía y la maldad discurren entre sospechas y conjeturas centradas en pesquisas jurídicas, semánticas, psicológicas, detectivescas que produjeron un cambio en los personajes. Cuando la culpable queda al descubierto, notamos que las víctimas habían transitado por el ensañamiento de la victimaria. Esta estética de la crueldad que caracteriza a ArtSpoken, junto a una performatividad plástica y logocéntrica (hegemonía del texto escrito), mantuvieron con Alevosía la tendencia experimental entre nosotros, y adicionaron un título significativo a la cartelera teatral de Miami en el presente año.

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